2017 · 08 · 21 • Fuente: Diana Buttu* / María Landi, Blog Palestina en el Corazón

Por qué la Autoridad Palestina debería disolverse

La reunión del presidente Trump esta semana con el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbas, fue lanzada como un esfuerzo por parte del autor de “The Art of the Deal” para reanudar el proceso de paz patrocinado por Estados Unidos, y estancado desde hace mucho tiempo.

Ilustración de Christina Hägerfors para la versión original publicada en el NYT.

Pero a medida que se acerca el próximo 50º aniversario de la ocupación israelí, hay algo más que claro: el proceso está peor que estancado. Ante un gobierno de derecha intransigente en Israel, que no cree que los palestinos deben tener plenos derechos, las negociaciones son inútiles.

¿En dónde deja esto al Sr. Trump y a la política estadounidense de promover a la Autoridad Palestina y al Sr. Abbas? Dado el abyecto fracaso de las conversaciones basadas en un marco de bancarrota que favorece fuertemente a Israel, cada vez más palestinos están debatiendo la necesidad de un nuevo liderazgo y una nueva estrategia.

Muchos cuestionan ahora si la Autoridad Palestina desempeña algún papel positivo o simplemente es una herramienta de control para Israel y la comunidad internacional. La lógica ineludible es que es hora de que la autoridad se vaya.

Establecida en 1994 bajo los Acuerdos de Oslo, la Autoridad Palestina estaba destinada a ser un órgano temporal que se convertiría en un gobierno plenamente operativo una vez que se otorgara la condición de Estado, prometida para 1999. La jurisdicción de la autoridad ha sido siempre, por ello, limitada. Está a cargo de un mero 18% de Cisjordania (dividida en ocho zonas). En comparación con el control general de Israel sobre Cisjordania y la Franja de Gaza ocupadas, los poderes de la Autoridad Palestina son insignificantes.

Para muchos palestinos, sin embargo, el establecimiento de su propio gobierno fue un sueño realizado. Finalmente, quienes habían vivido bajo ocupación desde 1967 se verían libres del gobierno militar represivo de Israel para gobernarse a sí mismos. Los palestinos clamaban por asumir cargos en el nuevo organismo y se enorgullecían de establecer instituciones, a pesar de los obstáculos impuestos por el gobierno israelí. A medida que las negociaciones se prolongaban bajo Oslo, esos obstáculos se volvieron más arraigados.

Después de más de dos décadas, las conversaciones no han producido ningún progreso. Pasé varios años involucrada en las negociaciones del lado palestino, y puedo atestiguar su futilidad. Los delegados palestinos, que necesitaban permisos para entrar a Israel para participar en las conversaciones, eran detenidos rutinariamente en los puestos de control israelíes. Cuando hablábamos del derecho internacional y de la ilegalidad de los asentamientos, los negociadores israelíes se nos reían en la cara.

El poder es todo, nos decían, y ustedes no tienen ninguno.

A medida que pasaba el tiempo, quedó claro que el presupuesto de la autoridad y sus prioridades estaban orientadas principalmente a garantizar que el palestino siguiera siendo uno de los pueblos más vigilados y controlados de la tierra. En efecto, la Autoridad Palestina sirvió de subcontratista para el ejército israelí ocupante. Se nos dijo que el foco abrumador en la seguridad era necesario para la duración de las conversaciones de paz. Hoy en día, un tercio del presupuesto de aproximadamente 4 mil millones de dólares que tiene la autoridad va para la policía −más que para la salud y la educación juntas.

Estas fuerzas de seguridad no brindan un servicio policial normal a la población palestina, sino que ayudan al Ejército israelí a mantener la ocupación y las colonias en constante expansión. La internacionalmente elogiada “cooperación en materia de seguridad” entre Israel y la Autoridad Palestina sólo ha resultado en la detención y el encarcelamiento de personas palestinas, incluyendo los y las activistas no violentas de derechos humanos, mientras que los colonos israelíes armados y violentos pueden aterrorizar a la población palestina con total impunidad. La Autoridad Palestina no tiene jurisdicción sobre los colonos, y el ejército israelí casi siempre mira hacia otro lado.

La razón de ser de la Autoridad Palestina en la actualidad no es liberar a Palestina: es mantener al pueblo palestino en silencio y aplastar el disenso, mientras Israel roba tierras, destruye casas palestinas y construye y expande sus colonias. En lugar de convertirse en un Estado soberano, la Autoridad Palestina se ha convertido en un Estado proto-policial, una dictadura virtual, respaldada y financiada por la comunidad internacional.

Miren a su líder. Con 82 años de edad, Abbas ha tenido el control de la ANP por más de 12 años, gobernando por decreto presidencial durante la mayor parte de ese tiempo, sin mandato electoral. Ha gobernado durante algunos de los peores días de la historia palestina, incluyendo la desastrosa división –que lleva una década− entre su partido Fatah y Hamas (el otro actor importante en la política palestina), y tres devastadores ataques militares israelíes contra Gaza.

Bajo su presidencia, el Parlamento palestino se ha vuelto moribundo e irrelevante. Muchas personas nunca votaron en las elecciones presidenciales o parlamentarias porque el Sr. Abbas no las ha convocado, a pesar de que está previsto en la Ley Fundamental que rige a la ANP. Los últimos sondeos de opinión muestran que su popularidad está en su nivel más bajo: dos tercios de la población palestina está tan desconforme que quiere que renuncie.

Un número igualmente alto ya no cree que las negociaciones les traerán la libertad. La ANP institucionaliza la dependencia de los donantes internacionales, que atan sus manos con condiciones políticas. Como resultado, incluso recurrir a la Corte Penal Internacional para responsabilizar a Israel por la construcción ilegal de colonias debe ser sopesado por las probables repercusiones financieras de una acción tan elemental.

Para eliminar este lazo que ha estado asfixiando al pueblo palestino, la ANP debe ser reemplazada por el tipo de toma de decisiones a nivel comunitario que precedió al establecimiento del cuerpo. Y debemos reformar nuestro principal órgano político: la Organización para la Liberación de Palestina −que también dirige Abbas−, para que sea más representativa del pueblo palestino y de sus partidos políticos, incluido Hamas. Hamas ha indicado durante mucho tiempo que quiere ser parte de la OLP, y sus estatutos revisados, recientemente hechos públicos en Doha (Qatar), afirman esta aspiración.

Con el proceso de negociación muerto, ¿por qué la gente debería estar obligada a aferrarse a la ANP, que únicamente ha servido para socavar su lucha de décadas por la justicia, y para contribuir a dividirla?

Teniendo en cuenta que hay alrededor de 150.000 empleados que dependen de la ANP para recibir sus salarios, no me hago ilusiones de que disolverla será sencillo o sin costo. Pero es la única vía para restaurar nuestra dignidad y un poder de decisión independiente. Una OLP reformada, con renovada credibilidad, será capaz de recaudar fondos palestinos y de las naciones amigas para apoyar a quienes viven bajo la ocupación, como lo hacía antes del proceso de Oslo.

Para algunas personas, esto puede sonar a renunciar al sueño nacional de autogobierno. No lo es. Al desmantelar la autoridad, el pueblo palestino puede enfrentar de nuevo a la ocupación israelí de una manera estratégica, en contraste con las ofertas de estatalidad meramente simbólicas de Abbas. Esto significa apoyar las iniciativas comunitarias que organicen protestas masivas no violentas y presionen mediante boicots, desinversiones y sanciones contra Israel, al estilo de las que ayudaron a acabar con el apartheid en Sudáfrica.

Esta nueva estrategia puede significar exigir igualdad de derechos dentro de un solo Estado, una salida infinitamente más justa y alcanzable que el proceso respaldado por Estados Unidos, el cual pretendía que la paz podría llegar sin considerar los derechos de las personas palestinas refugiadas o con ciudadanía israelí. Ya más de un tercio de la población palestina en los territorios ocupados apoya la solución de un solo Estado, sin que ningún partido político importante abogue todavía por esa opción.

Al desmantelar la Autoridad Palestina y reformar la OLP, la verdadera voluntad de las y los palestinos se hará escuchar. Si el final del juego es dos estados o un estado, es a esta generación de palestinos y palestinas a quienes les toca decidirlo.

* Diana Buttu es abogada y fue consejera del equipo negociador de la OLP para el proceso de Oslo, del cual es crítica.

Publicado en el New York Times el 26/5/17. Traducción: Biladi. Editada por María Landi.

Diana Buttu habla con poderosa lucidez y elocuencia crítica sobre el ‘proceso de paz’ y el tramposo paradigma de Oslo, de los que fue directamente testigo, y sobre la necesidad del BDS. De 2010, pero totalmente vigente (video de Alternate Focus, 36′, en inglés):

Fuente: Diana Buttu* / María Landi, Blog Palestina en el Corazón