2019 · 09 · 04

Vivir bajo ocupación (II): 'Hay una Orden Militar israelí que prohíbe los partidos políticos'

Segunda parte de la entrevista a Leticia Silvestri, activista que vivió tres meses en el territorio palestino.

Leticia Silvestri viajó a Cisjordania en el marco del Programa Ecuménico de Acompañamiento en Palestina e Israel (Peapi). En esta nota reproducimos la segunda parte de la entrevista que brindó para el programa “Resumen de Medio Oriente”.

¿Cómo fue tu contacto con los jóvenes palestinos? ¿Cómo viven la ocupación?

Es particular. Una está acostumbrada a hablar de política acá y -al menos lo que me pasó a mí- es que querés hablar de política y te dicen “no, yo de política no hablo. Los políticos son un desastre”. Y automáticamente después de eso hablan de la ocupación y la situación geopolítica en la que están insertos.

Desde muy chicos tienen conciencia de lo que está pasando. Ya saben que hay una persona que no es de su nacionalidad que controla todos sus movimientos y que probablemente lo acuse de algo en algún momento. Además hay una educación muy buena en donde se les enseña todo esto. Entonces hablás con cualquier adolescente y es una locura; a mí me partió la cabeza hablar con los y las adolescentes. Hablan de la resistencia, de que necesitan una revolución, hablan de colonización; son muy muy conscientes de lo que pasa. Lo que acá podríamos llamar “la gente común, el masivo, el ciudadano de a pie, la doña Rosa”, allá están politizados.

Diría que no existe el ciudadano despolitizado que sólo vota y paga sus impuestos; bueno porque además no votan. Aún cuando ellos nieguen que hablan de política, el nivel de formación y politización de la sociedad es muy elevado.

Quizás hablan menos de la política partidaria; se suelen mostrar bastante desilusionados con las diferentes fuerzas políticas que gobernaron los territorios palestinos. Pero además existe una Orden Militar israelí que prohíbe los partidos políticos, aunque se aplique de manera parcial, no resulta sencillo decir “yo pertenezco a tal o cual partido”.

¿Notaste en los jóvenes admiración hacia las facciones palestinas armadas, por ejemplo, Hamás o los grupos del Frente Popular para la Liberación de Palestina? 

– Según lo que yo vi, nadie te va a decir abiertamente “yo apoyo a Hamás”; alguno te puede llegar a decir que es del Frente Popular. Pero es raro. Lo que sí se ve es un cansancio de algunos sectores hacia Al-Fatah, cansados de las negociaciones de la Autoridad Palestina, desde los Acuerdos de Oslo hasta hoy.

Se escucha la necesidad de algo distinto, de rediscutir Oslo, que igual ni siquiera se cumple. Entonces no sé cuánta es la simpatía con otras fuerzas políticas, pero de alguna manera es la opción que queda.

Con respecto a la vía armada, de nuevo, nadie va a mostrar abiertamente admiración o acuerdo, pero es una vía que existe (y a veces la única que queda) y el derecho a la resistencia armada está reconocido por la propia ONU. De todas maneras las tácticas han cambiado mucho en los últimos años y esta vía se utiliza cada vez menos. En Cisjordania te diría que hoy es casi nula.

¿Cómo se vive en Cisjordania lo que ocurre en Gaza? 

Con mucha solidaridad. Muchos tienen parientes, conocidos en Gaza. Conocí una chica gazatí que hacía 20 años no veía a sus padres porque no puede volver. Tienen lazos familiares muy fuertes, entonces la imposibilidad de ver a su familia es otra manera en la que se manifiesta la ocupación.

Los cisjordanos saben que al lado de los ciudadanos de Gaza viven mejor, porque la ocupación en Gaza es mucho más extrema; hay un bloqueo total. Sin embargo, los gazatíes no viven entre colonos judíos israelíes porque los asentamientos ilegales en Gaza fueron retirados en 2005. Entonces también escuchás algún comentario referido a que al menos no son hostigados a diario por colonos, que muchas veces son más extremos que las fuerzas de seguridad. También existe eso, pero saben que la situación humanitaria es mucho más crítica.

¿Estuviste en el muro?

Sí, en varios lugares. Muy loco. La primera vez necesitaba ir a Ramala desde Jerusalén y atravesarlo. Es una cosa como que no sabés lo que hay del otro lado. La sensación es que es otro mundo. Me imagino que si viviera de uno o de otro lado, sentiría que me están tapando una realidad que no tengo que conocer.

Más allá de poder pasar o no -que es la principal función, evitar que la gente pase- es el no ver qué hay del otro lado. La sociedad israelí no ve lo que está pasando bajo ocupación. Es un muro de cemento pero también está el muro invisible, lo que no les cuentan a niños y niñas israelíes en la escuela. Lo mismo cuando un israelí entra a Cisjordania, lo hace con un colectivo que pasa sólo por lugares lindos, asentamientos que parecen countries, y no ven la realidad de la ocupación. No pasan por pueblos palestinos, no ven carteles en árabe, están todos en hebreo.

Ahí hay un muro invisible que hace que no sepan qué hay del otro lado. Hay incluso agencias de turismo que llevan a turistas a recorrer los asentamientos de Cisjordania y les dicen que es Israel, que es Judea o Samaria. Las rutas están pensadas para que la sociedad israelí no vea. Y el palestino también está privado de ver, de ver lo que pasa en el mundo por fuera del muro. Tiene una carga simbólica muy grande el muro.

Está lleno de grafitis y leyendas incluso de reivindicación a la lucha de los mártires… 

Sí, hay una discusión con eso porque la parte de Belén del muro -que es donde están todas las pintadas, incluso hay un mural de Messi- es muy turística. Entonces hay como una discusión entre los palestinos de que si eso es resistencia artística o se trata de maquillar la ocupación. Pero también hay otras partes de muro con menos grafitis, porque se extiende de norte a sur.

En el pueblo de Bil’in, por ejemplo, más al norte, se manifiestan todos los viernes contra el muro, y van consiguiendo quizás pequeñas victorias porque el muro se va modificando y luchan para que tal puerta sea más grande, o que se corra un poco tal parte y recuperar unos metros de tierra.

¿Tuviste contacto con músicos urbanos?

Conocí a un músico, Habib Al-Deek, que forma parte de la banda Checkpoint Rock. Es de Nablus. Después conocí grupos locales, orquestas escolares o grupos de baile de campos de refugiados. Se expresan mucho a través de la música.

Ver

Vivir bajo ocupación (I): “La militarización es tal que en algún punto también la terminás normalizando”

Fuente: Notas - Periodismo Popular (Comunicado de prensa)